De todos los propósitos de Año Nuevo, ¿cuántos has cumplido? 

O mejor dicho, ¿cuántos se te han quedado perdidos por el camino? No te sientas culpable, nos pasa a todos.

Por ejemplo, hay quien se apunta al gimnasio con la intención de hacer ejercicio regularmente, comienza con energía y echándole muchas ganas: una hora todos los días, que se convierte en una vez a la semana por falta de tiempo, que termina siendo una hora cada quince días, que al final se transforma en 40 minutos al mes y, sin darse cuenta, acaba pagando una cuota determinada pero no pasa ni por la puerta del vestuario. ¿Te suena?

O quien decide crear una web personal o un libro, pero se abruma antes de empezar porque el proyecto, aunque le entusiasma, le parece desmedido y no sabe por dónde cogerlo. El miedo a no ser capaz de terminarlo, a que le salga mal o a recibir críticas lo paraliza y termina no haciendo nada, una zona de confort en la que a veces no es tan agradable estar cuando aparece el sentimiento de culpa, el “debería hacerlo pero no lo estoy cumpliendo porque soy un fracaso y me falta fuerza de voluntad”. ¿También te suena?

Te traemos buenas noticias

Hemos descubierto una herramienta que funciona, la mejor arma contra la procrastinación y la pereza. (Redoble de tambores…). Se conoce como el método Kaizen y procede del pensamiento japonés. Etimológicamente, la palabra se estructura en dos partes: “Kai” (cambio, acción de arreglar) + “Zen” (bueno, mejorar) y viene de la lectura de los caracteres kanji: 改善

Sólo un minuto, a la misma hora

Tenemos la creencia de que el cambio es doloroso y muy duro. Por ejemplo, dejar de fumar, perder peso, gastar menos, vencer la timidez… Cualquier meta, por difícil y lejana que parezca, está a nuestro alcance. Sólo tenemos que dar un primer paso, y después otro, y otro más. La suma de esos pequeños pasos nos hará llegar a nuestro destino, en un camino lento, pero seguro. La idea clave del Kaizen está en realizar la misma actividad durante 1 minuto al día. Sólo 1 minuto, a la misma hora, para generar una rutina.

“¿Pero de qué me sirve hacerlo sólo durante un minuto? Eso no es nada de tiempo”, podrías estar pensando. Y ahí está la clave. ¿Cuánto te costaría hacer ejercicio, ordenar la casa o escribir varias frases durante nada más y nada menos que sesenta segundos? No requiere apenas esfuerzo. De esa manera logramos que nuestro cerebro no se asuste por la tarea, que no le entre miedo de tener que comenzar una rutina nueva, porque sólo lo vamos a hacer durante el tiempo simbólico de un minuto.

Piénsalo. Si le dedicas 1 minuto al día a preocuparte por tus finanzas, se convertirán en 7 minutos a la semana, 210 minutos al mes, 2.520 minutos al año (que son 42 horas). Nada más y nada menos que 42 horas aprendiendo sobre economía y buscando la clave para invertir tus ahorros durante el año. ¿A qué estás esperando?

Si quieres profundizar más sobre el tema, te recomendamos Un pequeño paso puede cambiar tu vida. El método Kaizen, un libro de crecimiento personal escrito por el doctor Robert Maurer, psicólogo clínico y experto en esta filosofía japonesa. De muy fácil lectura, nos descubre un método que puede incluirse hasta en las agendas más apretadas, pues todos podemos sacar 1 minuto al día.

“La voluntad no es duradera, las pequeñas cantidades son las que marcan la diferencia”, explica el autor. Por ejemplo, no hace falta ir al gimnasio todos los días para hacer una hora de ejercicio, puedes intentar sacar 15 minutos al día y moverte, levantarte del asiento, aparcar el coche más lejos para dar un paseo, caminar mientras hablas por teléfono… Estas estrategias no requieren de grandes inversiones de tiempo, energía, voluntad y disciplina.

Un poco de Historia…

Las semillas del método Kaizen se pusieron en la época de la Gran Depresión estadounidense, con los cursos de dirección empresarial creados por el Gobierno de Estados Unidos, de la mano del estadista William Edwards Deming. En vez de cambios radicales e innovadores, los profesores aconsejaban a los directivos perseguir la mejora continua y animaban a los supervisores a buscar cientos de pequeñas cosas que ellos mismos pudieran arreglar.

Años después, tras la Segunda Guerra Mundial, Japón quedó devastado. Estados Unidos envió a un grupo de expertos, entre ellos Deming, para que pusieran en marcha Programas de Formación para Directivos. Los japoneses fueron tan receptivos a este método que rápidamente mejoraron en calidad y velocidad su producción. Más tarde, ya en 1986, Masaaki Imai, teórico de la organización japonesa, popularizó el término con la publicación de su libro Kaizen: La clave de la ventaja competitiva japonesa, un manual con más de cien ejemplos de estudios de casos empresariales sobre esta metodología.

DAR EL PRIMER PASO TE AYUDARÁ A CONFIAR EN TUS POSIBILIDADES

Poco a poco, día tras día, te pondrás con esa actividad y te llenarás de confianza en ti mismo porque verás que eres capaz de llevarlo a cabo. Incluso te sorprenderás de que, de repente, te apetezca dedicarle más de un minuto, cinco, quince… Si consigues hacerlo durante varios días, te sentirás tan motivado que al final podrás ir aumentando el tiempo y llegar hasta la media hora. Lo que sólo iban a ser cinco minutos se convierten en sesenta, como cuando te sientas a jugar a un videojuego y pierdes la noción del tiempo. Qué maravilloso sería que esto nos ocurriese también con nuestras obligaciones, ¿verdad? Ya sabes, la clave está en dar ese primer paso.

Con este método, sortearemos las barreras internas que nos ponemos mentalmente cuando creemos que no podemos realizar algo porque es muy complejo o nos va a llevar mucho tiempo. ¡Tan sólo es un minuto! Eso sí, es necesario que exista un compromiso por nuestra parte para lograr integrar esa costumbre en nuestra rutina diaria. Lo mismo ocurre con un proyecto; es mejor dividirlo y trocearlo al máximo para hacerlo poco a poco, que intentar abarcarlo de golpe.

¿Qué te parece más fácil de hacer: redactar una página al día durante un año o ponerte a escribir un libro entero en un mes utilizando doce horas diarias? Tal vez tardes más de la primera forma, pero te va a costar menos esfuerzo y evitarás la tentación de abandonar. No es suficiente sólo con trabajar duro, también hay que hacerlo de manera inteligente.

UN MÉTODO QUE SE PUEDE APLICAR A CUALQUIER PROYECTO

Lo genial de este método es que se puede aplicar a cualquier tipo de cambio o proyecto, como dejar de morderte las uñas, aprender a decir que no, hacer ejercicio, ahorrar o ponerte a dieta. Según explica Maurer, nuestro cerebro está programado para resistirse al cambio, pero al dar pequeños pasos, “estamos pasando de puntillas por la amígdala del neocórtex” y no activamos la señal de alarma. De esta forma, evitamos la reacción del cerebro de lucha o huida y creamos nuevas conexiones entre nuestras neuronas. Al final, el cerebro asume con entusiasmo el proceso del cambio y tú avanzas más rápidamente y con menos esfuerzo hacia tu objetivo.

“Kaizen significa mejoramiento continuo en la vida personal, familiar, social y de trabajo. El kaizen en la empresa debe involucrar a todos, gerentes y trabajadores por igual”.

Masaaki Imai

Precursor del Kaizen en Occidente

Aunque los pasos sean pequeños, aquello que quieres lograr no lo es. ¿Quieres aprender un nuevo idioma? Comprométete a memorizar una palabra nueva cada día o cada semana. ¿Te gustaría ahorrar para irte de viaje? Ahorra un euro al día, al final del año tendrás 365. ¿Quieres mantener tu casa limpia? Elige una habitación, programa un minuto en un cronómetro y ordénala. Detente cuando el tiempo acabe. Ya lo dice Maurer en su libro: “A lo mejor un pequeño paso no te resulta suficiente, pero ese paso te llevará a dar un segundo y luego a un tercero, cómodamente, hasta que un día descubres que has dominado el cambio”.

Por último, concédete pequeños premios

¿Has superado tu objetivo diario? ¡Hazte un regalo! Los premios pequeños son un incentivo para conseguir que un trabajo, especialmente una tarea temida, sea hecho con motivación. Pero tiene que ser algo pequeño. Según cuenta Maurer, uno de sus clientes hizo una lista de cosas que no quería hacer; si completaba todas las tareas, se premiaba al final del día dándose un baño caliente durante diez minutos. El premio perfecto debe ser apropiado para la persona, gratuito o barato y adecuado al objetivo. Diez minutos al día con un libro o un programa de televisión, dar un paseo, escuchar tu canción favorita, hacer una llamada a un amigo… “No te preocupes por ganar los grandes premios de la vida, disfruta de sus pequeñas delicias”, aconseja.

Sólo nos queda animarte a que hagas la prueba y pongas en práctica método Kaizen. ¿Te atreves y nos lo cuentas en un minuto? Tres, dos, uno… El tiempo empieza… ¡ya!

“Un viaje de mil millas comienza con un pequeño paso”.

Lao Tse

Pensador chino