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uando uno piensa en un laboratorio farmacéutico, le viene a la cabeza una gran corporación, con fábricas inmensas y gente con bata de laboratorio. Lo último en lo que uno pensaría si escucha “laboratorio farmacéutico” sería en una empresa familiar. Sin embargo, siguiendo el dicho, la realidad supera a la ficción. Hoy os vamos a hablar de uno de estos casos: Laboratorios Rovi.

Esta empresa farmacológica, que en la actualidad tiene una capitalización de 1.000 millones de euros, tuvo unos comienzos mucho más humildes de lo que se podría pensar. Para explicar estos orígenes, Javier López-Belmonte, nieto del fundador y actual Vicepresidente y CFO de Laboratorios Farmacéuticos Rovi, asistió al ciclo Una empresa de éxito en mi familia, en el que nos explicó, a través de una conversación cercana y amable, cómo es crecer y convivir con una empresa familiar.

De Albacete a Madrid para salir adelante

La andanza de la familia López-Belmonte empieza poco después de la Guerra Civil, cuando muchos jóvenes tuvieron que replantearse su futuro para conseguir sacar adelante a sus familias. Así pues, el origen de Laboratorios farmacéuticos Rovi nace de la necesidad de sustentar una familia después de una guerra, y no como una idea de negocio grandilocuente.

Con esta situación, los hermanos Juan, Pedro y Francisco llegaron a la capital del país y fundaron PAN Química Farmacéutica. Según cuenta Javier López-Belmonte: “Mi abuelo dejó de Albacete porque, al igual que su padre, era un emprendedor y después de la guerra se fueron a Madrid para prosperar”. 

Sin embargo, la familia López-Belmonte encontró una barrera: “No se podía importar nada sin divisas, así que lo que consiguieron ellos era ganarse la vida logrando exportar para poder importar. Tuvieron una bodega en Jerez, vendían naranjas… ofrecían lo que había en España que no se podía encontrar en otros lugares. Gracias a estas divisas lograron establecer un negocio que ofrecía muchas posibilidades al tiempo que bloqueaba la fácil entrada de competidores”.

La compra de Pfizer y el origen de la heparina

Pero no fue para nada un camino de rosas. Poco después de la fundación, la multinacional Pfizer decide comprar todas las instalaciones de la compañía y quedarse con la mayoría de los empleados. “Si pienso en la visión de mi abuelo, creo que él pensaría que hizo una buena venta. Vendió un negocio que había hecho en 10 años y, como buen emprendedor, en vez de irse a casa a vivir la vida, decidió montar con los empleados que se quedaron y con nuevos otra compañía y empezar de cero”, aclara el CFO.

Pero si algo destaca en la historia de estos años de ROVI, es la patente de la heparina que, además, tiene detrás una historia familiar: “Mi abuela padecía trombofibrosis y, en España, no había medicamentos para tratarla. Entonces, mi abuelo, que estaba siempre viajando alrededor del mundo, encontró que fuera de España sí se trataba y decidió traerlo. Eso fue el germen de nuestra heparina, que es uno de nuestros principales productos y forma parte de nuestra historia”.

La llegada de la segunda generación López-Belmonte 

En la década de los sesenta, se incorpora la segunda generación: “Mi padre era el cuarto de siete hermanos. Yo creo que antes las empresas familiares eran como ‘la casa de todos’. Esto significa que en la compañía trabajaron todos los que quisieron y pudieron. Cuñados, hermanos… Mi padre fue uno más al principio, pero a base de su esfuerzo y profesionalidad se dedicó a llevar la compañía adelante”.

Ahora, sin embargo, Javier López-Belmonte cree que los tiempos han cambiado: “El mundo empresarial ahora es menos íntimo, pero en los ochenta, cuando mi padre gestionaba la empresa, íbamos casi toda la familia. Yo iba a dormir con socios de mi padre, con socios internacionales… lo he vivido desde que llevaba pantalones cortos”.

¿Y cómo se viven las crisis dentro de una empresa familiar? “Los primeros años no los recuerdo muy bien, éramos pequeños y esos problemas se nos ocultaban y se los comía mi padre. En la actualidad mis hermanos y yo siempre vivimos Rovi como algo muy positivo. Nosotros vemos los problemas como oportunidades y nos centramos en la pasión y la ilusión de nuestra empresa, que nos hace seguir adelante”.  

De distribuidores a desarrolladores de medicamentos

En el 75, Rovi crea la línea hospitalaria y de distribución minorista, situándose entre una de las cuatro compañías principales del país. Sin embargo, en el 94 se vendió esta línea. López-Belmonte recuerda muy bien este momento: “Yo creo que fue una decisión muy acertada. El modelo de negocio de vender productos de otros era un modelo que se estaba agotando. Mi padre lo vio venir y empezó a desarrollar productos propios, como nuestra bemiparina HIBOR”.

Según el CFO de Rovi, la venta de la línea OTC les ha permitido llegar a donde están: “Gracias a esta venta conseguimos un dinero y unas plusvalías que nos sirvieron para invertir en otras partes de negocio que nos permitan continuar”.

Pero esa no fue la única decisión importante que se tomó en esa década, puesto que sería el momento en el que Juan López-Belmonte decide adquirir todas las acciones de la familia. “Yo creo que este tipo de decisiones son necesarias en empresas pequeñas, porque alguien tiene que tomar las decisiones y llevar el rumbo. En grandes empresas no es tan relevante porque puedes diferenciar la propiedad de la gestión. Mi padre fue valiente al arriesgar su patrimonio en una empresa en la que él creía. Y le ha salido bien”.

La salida a bolsa

Otro momento arriesgado fue la salida a Bolsa en 2007: “Fue una decisión importante y meditada. Nos juntamos mis hermanos y yo con mi padre y le dijimos que queríamos hacer de la empresa una compañía grande. La historia de Rovi siempre ha estado salpicada por la creación de valor y nosotros queríamos seguir creando valor pero como una empresa grande, y la única forma de conseguirlo era saliendo a Bolsa”.

Además, el CFO destaca los beneficios que brinda el mercado bursátil: “La Bolsa nos ha aportado en muchos intangibles que no se pueden clasificar, como la transparencia. En el mundo financiero y sanitario, a las grandes multinacionales sólo les gusta tratar con las empresas transparentes.

Otro de los beneficios que explica Javier López-Belmonte de la salida a Bolsa es la responsabilidad y perspectivas de futuro que tienes que desarrollar: “El mercado te exige rentabilidad y resultado con guidance anuales, lo que nos obliga a decirle al público cómo va a evolucionar la compañía, y eso hace que quieras dar lo mejor de ti mismo”.

Además, con la salida a Bolsa también comenzó la andadura internacional de Rovi, lo que supuso nuevos retos: “Como dice mi padre, todo el mundo quiere vender fuera, lo que pasa es que para llevarlo a cabo tienes que tener un valor. El único camino para conseguirlo es con I+D. A partir de ahí y el desarrollo de Hibor conseguimos expandirnos internacionalmente y vender en más de 120 países”.

Sin embargo, este I+D tiene como dificultad, y más en desarrollos farmacéuticos, que es a largo plazo y los procesos pueden durar diez o quince años. “Toda inversión tiene su riesgo, pero nosotros siempre tenemos claro nuestros recursos económicos y humanos”.

Pero, ¿cómo es el proceso que lleva al laboratorio a escoger la próxima investigación que llevar a cabo? El CFO lo explica: “Tenemos una estrategia de I+D muy definida, centrándonos en áreas donde creemos que la probabilidad de riesgo/beneficio es mejor. Lo que está claro es que quien no siembra no recoge y nosotros siempre hemos sido constantes en este área”.

El desarrollo de la tecnología ISM

En la actualidad, Rovi ha pasado de desarrollar productos a desarrollar tecnología, como es el caso de ISM. La decisión, según cuenta el CFO de Rovi, tiene su historia: “El origen de ISM viene de transformar nuestra heparina de bajo peso molecular, que es un inyectable, en un comprimido. Ahí, trabajamos mucho, invertimos mucho y fracasamos mucho”.

Ahí es donde Javier López-Belmonte demuestra que en Rovi siguen la filosofía de ver los fracasos como oportunidades: “De los fracasos se aprende. Nos dimos cuenta de que teníamos mucho conocimiento en tecnología de inyectable. Al final, vimos que podíamos desarrollar este conocimiento en ISM, que no es más que transformar un comprimido diario en una inyección de un microimplante cada mes o seis meses. Este microimplante es el medicamento que va administrando las dosis necesarias, cubriendo periodos más largos. Esto tiene enormes beneficios para el tratamiento del paciente”.

La tecnología ISM se está utilizando en la actualidad en Doria, un producto para la esquizofrenia, ya que los pacientes que padecen esta enfermedad tienen problemas para tomar su medicación. El objetivo de Doria es conseguir suministrar la medicación a los pacientes una vez al mes y que su toma le produzca el menor trastorno posible. Se espera que a final de año el medicamento entre a registro, para la aprobación por parte de las autoridades, y que a principios de 2020 se distribuya mundialmente.

La evolución de Rovi y la llegada de la tercera generación

A pesar de todos los cambios que ha experimentado la compañía, López-Belmonte cree que la esencia es la misma: “España y el mundo en general ha cambiado mucho, así como Rovi. El emprendimiento es diferente, pero mi abuelo era un innovador en todas las áreas y eso sigue en Rovi. Es más, España ha pasado de importar tecnología a exportar tecnología made in Spain. Y eso es lo que hacemos nosotros”.

De cara al futuro, ¿estarán las nuevas generaciones de López-Belmonte en Rovi? “Yo siempre lo tuve muy claro, quería estar donde estuviesen mis hermanos y mi padre. Tanto mis hijas como mis sobrinos están implicados emocionalmente, pero tienen que formarse, aprender y ser buenos accionistas. Con el tiempo veremos si están capacitados para formar parte de la empresa”.

Implicación emocional y social

Aunque la compañía haya salido a Bolsa y en la actualidad tenga más de mil empleados, el ambiente familiar sigue presente en Rovi: “Nosotros seguimos viviendo la relación con nuestros trabajadores de forma especial. Seguimos sintiéndonos responsables de lo que le pasa a nuestra gente y de su futuro. Las decisiones se tienen que mirar a corto, medio y largo plazo y, cuando hay dudas, siempre miramos a largo plazo y pensamos en todo el legado y las personas que hay detrás”.

Además, López-Belmonte destaca la implicación de todos los trabajadores: “Yo visito mucho nuestras fábricas y hay trabajadores que me cuentan cómo mi abuelo les decía que se acabase las lentejas. Para ellos, Rovi es algo más que una compañía, lo que me llena de orgullo y me empuja a volver todos los días con pasión. Para mi abuelo, Rovi era como un hijo más y alucinaría viendo en lo que se ha convertido su compañía. Estaría emocionado y satisfecho”.

López-Belmonte también colabora con la Universidad Autónoma, implicado tanto de forma personal como profesional: “Al final me estoy haciendo mayor e intento devolverle a la sociedad lo que me ha aportado. Me siento afortunado e intento compartirlo estando en fundaciones y colaborando con la Universidad Autónoma, con gente con mucho talento con la que, además, aprendo”.